Archivo de febrero de 2011

Wong Kar Wai: Las dos primeras películas

Wong Kar Wai, director chino afincado en Hong Kong, ha logrado una gran notoriedad en los últimos años, especialmente a raíz de títulos como In the mood for love y Happy together. Se le atribuye una gran maestría como narrador historias de amor melancólicas y de gran atractivo visual. Aunque saltó al primer plano a finales de los 90, su carrera arranca una década antes. Concretamente, su primer film es…


Joer, qué duros somos…

Wong gok ka moon. China-Hong Kong. Dir: Wong Kar Wai, 1988

Título español: El fluir de las lágrimas – Título internacional: As tears go by

La historia de esta película es realmente muy simple. Wah es un mafioso de Hong Kong más bien de poca monta: ocupa un lugar intermedio en la jerarquía de su triada, teniendo por encima a un capo y por debajo a un “hermano pequeño”. Su especialidad son los cobros, labor para la que está especialmente dotado por ser un tipo duro, que no rehuye la violencia cuando la considera necesaria, arresgando la vida a menudo. Su rutina se rompe cuando recibe la llamada de su tía, quien le avisa de que va a mandarle a su prima veinteañera, Ngor, que debe visitar a un doctor a la ciudad. La primita, a quien Wah acoge con desgana en su desastroso apartamento, supone con su inocencia y serenidad todo un contraste con el mundo más bien sórdido en el que el joven suele moverse. El papel de Ngoe está interpretado por Maggie Cheung, que encaja muy bien en el personaje gracias a su belleza discreta y algo aniñada (aunque aún no sabía depilarse las cejas).

Pese a tener a su prima en casa, Wah sigue con su poco edificante vida: su novieta aborta un hijo suyo porque él se niega a comprometerse, y su “hermano pequeño”, apodado Fly, le mete en contantes líos debido a su chulería y poca aptitud para el peligroso negocio de los cobros. Sin embargo, ahora Wah tiene  esperándole en casa a alguien que le demuestra cierto cariño, viendo por primera vez un atisbo de lo que puede ser la vida en pareja. Pese a ello, no llega a ocurrir nada entre los primos: cuando Ngor termina su tratamiento regresa a su Kowloon natal, aunque dándole a entender a su primo que pensará en él. Pero la vida del joven se seguirá complicando, sobre todo por el afán de proteger a un Fly cada vez más desnortado.

El tema central de As tears goes by es muy típico de las películas de mafia, el del matón que se plantea abandonar el hampa pero encuentra grandes dificultades para ello debido a que no conoce otro mundo y a los fuertes lazos con sus compinches. Wong Kar Wai lleva la historia con razonable agrado para el espectador, aunque sin llegar a romper moldes en ningún momento. La fotografía hace un uso interesante del color -algo que va a ser una constante en la obra del director- pero en este título no se alcanza la excelencia visual: la fotografía tiene un aspecto algo granulado, y la composición no pasa de meritoria. Aunque resulta difícil juzgar una película hablada en cantonés, el trabajo interpretativo me parece adecuado, con Andy Lau representando a su personaje con carisma. Seguramente la parte más decepcionante del film es su desenlace, más bien poco arriesgado. La escala de valores del protagonista es como poco cuestionable, qudando como un tipo más bien estúpido al que quizá no valdría la pena dedicarle una película. Con todo, resulta una buena obra de debut, con elementos bien logrados y que se sigue con cierto interés.

A Fei zheng chuan. China-Hong Kong. Dir: Wong Kar Wai, 1990

Título español: Días salvajes. Título internacional: Days of being wild


El protagonista de esta historia se llama York, o Yuddy según dónde lo mires, aunque creo que en la peli nunca se menciona (de hecho, tanto en este film como en As tears go by los personajes raramente se llaman por el nombre). Al igual que en la película anterior, tampoco se trata de un personaje ejemplar, pero esta vez no es un mafioso, sino directamente un vago sin oficio ni beneficio. Lo que sí tiene es una probada capacidad de seducción, y lo primero que hace en la película es presentarse en una tienda y seducir a la dependiente, de nuevo una cándida Maggie Cheung, ya más sofisticada que en el anterior film. Pese a la resistencia inicial, un par de frasecitas floridas provocan que la pobre muchacha no deje de pensar en él, hasta el punto de no poder conciliar el sueño. Sin embargo, una vez que consigue llevarla a su apartamento, el protagonista no vuelve a hacerle demasiado caso, aunque mantienen una especie de relación de poco compromiso. El patrón se repite con la siguiente conquista, una bailarina de club que también resulta fascinada por los encantos del joven, sustituyendo rápidamente a su anterior novieta. Él no sólo la tratará con bastante frialdad, sino que la utlizará para las tareas domésticas de su apartamento, como fregar el suelo. Se ve que en el Hong Kong de los 60 no estaba muy en boga el feminismo.

Nuestro protagonista es huérfano, y la única mujer que parece intersarle es su madre adoptiva, por la que siente una fascinación obvia, aunque comparten pocas escenas juntos. Ella conoce la identidad de la verdadera madre, una filipina acomodada, pero se niega a revelarla pese a la insistencia de York, por temor a perderlo. Quizá es el resentimiento de saberse un hijo rechazado lo que provoca la frialdad del joven con la mujeres, pero lo cierto es que este aspecto no se explora: de hecho, el protagonista permanecerá como un ser unidimensional toda la historia. Existen otros dos personajes masculinos a los que sí le importan las mujeres: El primero es Zeb, compinche de York, que se enamora rápidamente de la bailarina pero no consigue atraerla debido su falta de carisma, conformándose con ser su amigo. Zeb está interpretado por el mismo actor que hacía de Fly en la película anterior, Jackie Cheung, que al menos en esa época parecía especiaizado en papeles de amigo tontorrón. El otro personaje es Tide, un patrullero a pie que traba amistad con el personaje de Maggie Cheung, enamorándose de ella al poco, pero sin atreverse a decírselo. Este policía que sueña con ser marino está interpretado por Andy Lau, el protagonita de As tears go by, quien se reencuentra con su parteneire en ese film, aunque encarnando un personaje muy distinto.

El problema de Days of being wild es que nos muestra unas relaciones más bien de poca intensidad, sin hacer honor a su título. El protagonista pasa de sus zorritas y quiere que su mamá le mime, ellas se resignan y salen adelante como pueden, mientras que los otros dos tipos carecen de lo que hay que tener para hacerlas suyas. Ni hay grandes pasiones, momentos de gran intensidad, ni triángulos amorosos propiamente dichos: a York le es indiferente que Zeb pretenda a la bailarina, y mucho más que el policía esté enamorado de su otra chica, a la que ya ha desechado. Lo más tormentosos que vemos es alguna escena de reproche y celos. Los actores son guapos y lo hacen bien, pero el guión les da bastante poco con lo que trabajar. Destacar a Carina Lau, muy atractiva en su papel de la bailarina. La fotografía está firmada por Christopher Doyle, un australiano que ha trabajado con varios directores chinos, y sigue una línea parecida a la de As tears go by (aunque Doyle no trabajara en esa película), cuidando la composición cuidada y prestando atención al color. Nuevamente el aspecto visual se queda sólo en correcto, en parte por la imagen algo granulada típica del cine oriental de los 80. Por cierto, como he mencionado el film está ambientado treinta años antes, pero esto añade bastante poco a la atmósfera, y la historia podría haber transcurrido perfectamente en la época del rodaje. Una vez resuelta la trama, la película se cierra con una larga escena de un hombre que no ha aparecido hasta ese momento, al que vemos vestirse cuidadosamente en un apartamento desvencijado, aparentemente para salir a divertirse por la ciudad. Resulta que el actor en cuestión es Tony Leung, encarnando a un personaje de otra película del director que no se rodaría hasta años después (In the mood for love). Visto en perspectiva, esto puede parecer algo muy astuto, pero para quien desconozca los planes del director resulta totalmente desconcertante, y un pésimo cierre para un film que si algo necesita precisamente es concreción. En 1990 no había internet para consultar cuál demonios era el propósito de la escena.

En suma, una película correcta pero algo decepcionante, inferior a la ya modesta As tears go by. He podido leer en algunos foros que hay quien considera a ésta la primera “gran obra” de Wong Kar Wai, pero aconsejo que no se dejen engañar: la historia se mueve por terrenos más bien plácidos y tiene bastante poco impacto emocional y visual. En la próximas entregas veremos si el director hongkonés logró en años posteriores realizar trabajos más a la altura de su fama. ¡No se lo pierdan!
.