Thor: a Odín rogando y con el mazo dando


“Hijo, la has cagao.”

Thor – EEUU, 2011 – Dir: Kenneth Branagh

Atención: crítica llena de spoilers, se desaconseja leerla sin haber visto el film.

Como habrá hecho mucha otra gente, me decidí a ver Thor para poder visionar debidamente documentado la peli-evento Los Vengadores. Por las imágenes que había visto, la factura del film parecía buena, y el hecho de estar dirigida por el shakespeariano Kenneth Branagh la convertía en toda una curiosidad. Además, la particular condición de superhéroe-dios del protagonista se prestaba mucho a una obra espectacular. Una vez vista, puedo decir que se trata de una película muy curiosa: efectivamente espectacular y de agradable visionado, pero con un guión que sorprende por la cantidad de caminos fáciles que toma, como si se hubiera escrito en dos tardes con total despreocupación (¡¡pero que lleva nada menos que cinco firmas!!).

Tras una breve introducción en la Tierra, que nos sirve para conocer a la científica Jane Foster, interpretada por Natalie Portman, viajamos hasta el reino de Asgard, donde se nos relata todo el origen de Thor. La verdad es que la premisa es muy difícil de manejar (el hecho de que toda la mitología escandinava responda a hechos reales casi literalmente, y sus personajes pueden visitar la Tierra), y por ello quiero ser comprensivo, pero hay aspectos resueltos con demasiada ligereza, como veremos luego. En esta parte se nos explica que la Tierra (concretamente Escandinavia) fue invadida en tiempos de los vikingos por una raza de gigantes de hielo, invasión repelida por los asgardianos, liderados por Odín Allfather. En el tiempo transcurrido entre esa invasión y nuestros días, los dos hijos de Odín, Thor y Loki, se hicieron adultos, y ya en el presente presenciamos el momento de la coronación de Thor como nuevo rey de Asgard.

Sin embargo, la cosa se estropea: unos gigantes de hielo rompen la tregua entre planetas (o “reinos”), irrumpiendo en Asgard y tratando de robar la fuente de poder que les fue arrebatada siglos atrás. Thor monta en cólera ante la ofensa y, con un grupo selecto de amigos y su martillo mágico Mjolnir visita el planeta helado, Jotunheim, donde casi causa una nueva guerra. Extremadamente molesto, Odín lo despoja de sus poderes y lo exilia a la Tierra, donde deberá hacerse digno de su linaje o morir. Branagh se esfuerza por crear unas intrigas palaciegas más o menos creíbles, pero parece despreocupado por otros aspectos. Por ejemplo: cuando Thor llega a la Tierra, donde se topa con Natalie y su grupito de científicos, sabe hablar inglés contemporáneo -si bien con los matices cortesanos del cómic- desde el primer momento. No hay la más mínima explicación de por qué puede hablarlo, cuando no habría costado mucho decir que los asgardianos conocen todas las lenguas de los nueve reinos, o que pueden aprenderlas por medios mágicos.

Hay otros aspectos chirriantes: si los asgardianos visitaron la Tierra cuando Thor y Loki eran niños, ¿cómo es que la mitología nórdica los describe con todas sus características adultas? De hecho, hay un momento en que Thor ojea con expresión divertida un libro infantil de mitología, que si hubiera leído con más interés le habría permitido saber que su querido hermano Loki era el “dios de las diabluras”, y que no debería fiarse mucho de él. Más: cuando Mjolnir llega a la Tierra, hace un gran cráter y queda intacto, pero incrustado en una roca, siendo encontrado poco después por gentes del lugar. Los lugareños, en lugar de maravillarse por ver un martillo caído del cielo, lo toman por un satélite (?!) y montan una competición a ver quién consigue arrancarlo de la roca, en plan Excalibur. La escena es graciosa, pero sinceramente, si yo viera esto, no diría que es un puñetero satélite. Y como estos hay muchos aspectos bastante mal desarrollados.


Trailer en HD.

Pero no es justo hablar sólo de las cosas malas, pues el film tiene también bastantes virtudes. Hay que destacar la excelente factura visual, con muchas cosas dignas de ver, como la propia Asgard o el puente del arcoiris y la especie de cañón interplanetario que lleva acompledo. Aparte de esto, nos encontramos a un Thor genuinamente agradable, con Chris Hemworth entrando en el papel como una mano en un guante, tanto por físico como por interpretación. Con su energía y actitud despreocupada, pese a carecer de casi todos sus poderes, realmente nos hace creer que es un ser divino caminando por la Tierra despistado pero satisfecho. Su escena sin camiseta dejará babeando a las damas casi con seguridad. Reseñar que, pese a ser australiano, no tiene ningún acento chocante, y de hecho logra captar los matices nobles del personaje. Es curioso el paralelismo que he encontrado entre esta película la ochentera Starman, de John Carpenter: en ambas hay un alienígena aterrizando en el medio oeste americano, siendo instruido en las costumbres terrestres por una dama local y con el gobierno pisándoles los talones. Sin embargo, el romance con el personaje de Natalie Portman resulta bastante forzado: no es muy creíble que una sesuda científica se enamore en apenas un día de un tipo tan ajeno a ella.

Por supuesto, el malo maloso de la historia es Loki, cuyo arco no está bien resuelto: primero resulta que en realidad es un gigante de hielo que Odín adoptó durante la guerra, pero que adquiere apariencia humana sin ninguna explicación clara (¿los poderes de Odín?). Además, resulta que al principio es fiel a Thor y sólo le tiene algo de envidia, pero al conocer su verdadero origen se convierte en una especie de psicópata, decidiendo traicionar a su hermano y aniquilar a toda la especie de los gigantes para agradar a Odín, quien ya había declarado antibelicista. Si uno se siente solo por vivir entre un pueblo que no es el suyo, exterminar a sus semejantes no parece la mejor forma de remediarlo. Pero bueno, los planes de los malos peliculeros rara vez tiene sentido. Como era de esperar, todo se resuelve en un showdown entre Loki y un rehabilitado Thor, que pone adecuado cierre a la película. Sin embargo, eché de menos alguna escena de acción adicional, y que el dios del Trueno machacara más cosas con su martillo.

En suma, para mí esta película, pese a todas sus incongruencias, es una especie de placer culpable que se degusta con gran facilidad. No estorba la abundancia de gente guapa, empezando por Hemworth y Portman, y siguiendo por el bombón Kat Dennings como la amiga friki y Jaimie Alexander como una impactante Sif. Aparece también una crepuscular Rene Russo, haciendo de esposa de Odín (un adecuado Anthony Hopkins). Destacar por último la banda sonora de Patrick Doyle, uno de los compositores épicos más destacados en años recientes. Veremos hacia dónde se mueve el personaje en Los Vengadores y en la ya anunciada secuela.
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